El hambre viene, el hombre se va, sin más razón.
Me coquetean sus pies, enramados y viscosos,
yo los miro y les sonrío, les guiño el ojo . Se sonroja. Comienza a sudarle
cada capa de aglutinación burbujeante, siendo punzante el roce capilar.
- Yo le dije - Acomodate la corbata y luego avanza, arrodillate otra vez. luego avanza en migajas.
Como corresponde al titulo gigantón deben ver el siguiente video en agradecimiento: